
El cuerpo humano está plegado de puntos muy sensibles a su estimulación que nos producen gran placer y excitación. Estos puntos son las zonas erógenas.
Ciertamente, no todas las regiones de nuestro cuerpo tienen la misma sensibilidad sino que existen zonas en el cuerpo más sensibles que otras, o que tienen una mayor implicación en el deseo y excitación sexual. Podríamos así dividirlas en zonas primarias y secundarias:
• Zonas Primarias: son aquellas zonas que su estimulación nos alimenta el deseo y la excitación sexual, así como permiten llegar, o influyen directamente, en el orgasmo. Son zonas muy sensibles al tacto y que, generalmente, no responden bien en frío sino que requieren que el cuerpo esté ya excitado. Estas zonas son el clítoris y la vagina de la mujer, y el glande del hombre.
• Zonas Secundarias: son aquellas zonas que su estimulación nos produce sensaciones placenteras y relajantes pero raramente conducen, por sí solas, al orgasmo, y que son un complemento ideal para hacer las relaciones sexuales únicas, más completas y placenteras. Son puntos que son muy útiles para el inicio y el final de la relación sexual. Estas zonas podrían ser el vientre, las nalgas, los pechos, los pezones, el cuello, las orejas, los labios, el cabello, y, en definitiva, el resto del cuerpo.
Todas estas zonas de nuestro cuerpo nos producen gran placer y excitación cuando son acariciadas, amasadas, besadas, succionadas, pellizcadas, rozadas, y pueden ser estimuladas de muchas formas: con la boca, las manos, el pene, los pechos o con cualquier otra parte del cuerpo, e incluso con algún objeto como por ejemplo una pluma, un pincel, una brocha de maquillaje, una fruta, un cubito de hielo o una prenda de seda.
Vale la pena tener en cuenta que es tan importante estimular las zonas primarias como la secundarias durante la relación sexual. Todas influyen en el placer y excitación. Unas son más importantes durante el inicio de la relación, otras durante la misma y otras en su finalización. Saber cuáles son y en que momento estimularlas es un proceso que hay que aprender y descubrir. Ver nuestro cuerpo erógeno como una orquesta donde cada instrumento de la misma es tan importante como los demás para que la música suene en armonía y en plenitud.
Saber que toda nuestra piel es la zona erógena más potente y grande que tenemos y que es nuestro principal órgano sexual, al igual que el cerebro, y no exclusivamente los genitales como se cree. Muchos hombres no lo creen y focalizan todo su placer solamente en el pene, reduciendo así las posibilidades de placer y de enriquecer su sexualidad. Si pedimos a hombres y mujeres que dibujen dónde están sus zonas erógenas, veremos que casi todos los hombres las ubican en los genitales y, en cambio, las mujeres las ubican en todo el cuerpo como se muestra en el dibujo siguiente:
Fisiológicamente, numerosas investigaciones han puesto de relieve que en las zonas erógenas hay una concentración mayor de terminaciones nerviosas muy sensibles a la estimulación adecuada. De hecho, la zona erógena es una porción de piel rica en un tipo de receptores sensitivos conocidos como corpúsculos Krauser-Finger, que cuando son estimulados adecuadamente envían impulsos eléctricos al sistema límbico del cerebro (centro del sexo y las emociones) aumentando así el placer y la excitación sexual.
Cada persona tiene un mapa erógeno o un territorio sexual único. Este mapa puede cambiar con el paso de los años e incluso durante una misma relación, no es estático, sino que se trata de un proceso de redescubrimiento y exploración constante. El mapa es exclusivo y diferente en cada persona, no hay dos iguales.
Es importante buscar estas regiones, explorarlas. Conocer nuestro cuerpo desconocido, ignorado e inexplorado. El contacto con nuestra piel es uno de los componentes más importantes de toda actividad sexual y una fuente inexorable de placer.
Pensar que no hacemos el amor con los genitales sino con todo nuestro cuerpo. Está división es más mental que real. El acto sexual es de los pocos actos humanos que implica todo el cuerpo en su totalidad.
De hecho, el estudio de la respuesta sexual humana por parte de Masters y Johnsons se descubrió que durante la relación sexual había cambios corporales a diferentes niveles: la respiración, el ritmo cardíaco, la presión sanguínea, la temperatura corporal, entre muchos. Confirmaron que durante el acto sexual se da una transformación radical de nuestro cuerpo.
La búsqueda de los puntos puede iniciarse en cualquier parte del cuerpo, desde la cabeza a los pies, y no hay manual ni guía para ello. Hay que aprender a descubrir los trazos y los puntos, explorar lo desconocido.
• Es tan importante acariciar como dejarse acariciar. Entregarse a las sensaciones es la mejor manera de sentir y conocerlas.
• Buscar un ambiente relajante y tranquilo. Tener tiempo, ir sin prisas, permitirá un mayor descubrimiento y que el fuego arda lentamente.
• Es también importante comunicar y guiar a nuestra pareja. No pensemos que lo debe saber todo. Enseñarle, experimentar y descubrir con la pareja puede ser una de las tareas más excitantes y placenteras.
Recordar que algunos puntos no funcionan bien en frío, sino que requieren cierta excitación previa para que sean más sensibles. Estos puntos no son como un botón o interruptor, que los aprietas y funcionan de forma automática.
La búsqueda de puntos es infinita. El cuerpo es una fuente inagotable de placer ¿qué esperamos para descubrirlo?
El descubrimiento de estas zonas puede empezarse por una misma y no esperar a que alguien nos las descubre por nosotras. Ese es el mejor camino para ponerse manos a la obra y buscar activamente nuestro placer y sensualidad.
Las principales zonas erógenas
- Cabello. El hecho de masajear, acariciar, estimular el cuero cabelludo produce una relajación muy placentera. Puede realizarse dando masajes circulares con los dedos, aplicando diversos niveles de presión o sujetando una porción del cabello con firmeza pero sin tirones. Es muy recomendable al inicio y final del acto sexual.
- Orejas. El lóbulo de la oreja, la cavidad del pabellón auricular y la parte de atrás de la oreja son muy sensibles a la estimulación con la boca y con los dedos. Se puede chupar, lamer, mordisquear o dar un suave masaje con los dedos. Su capacidad para producir placer aumenta junto con la excitación sexual. Susurrar al oído, gemir, soplar suavemente la oreja o decir obscenidades o cosas bonitas puede ser muy excitante y placentero.
- Ojos. Los párpados de los ojos están repletos de terminaciones nerviosas que puede ser estimuladas con besos suaves sobre los ojos cerrados produciendo una relajación y sensaciones muy agradables y estimulantes. También, acariciar las cejas puede producir sensaciones placenteras.
- Nariz. El olor de la piel de nuestra pareja, de aceites corporales o perfumes, puede producirnos sensaciones muy agradables e incluso excitantes.
- Boca y lengua. Es una de las zonas de la cara más sensibles. Su sensibilidad aumenta con la excitación, haciéndola muy sensible a los roces y caricias. La lengua permite un juego activo con diferentes partes del cuerpo de la pareja. Hay muchos tipos de besos y no sólo es sensible los labios sino también el interior de la boca, mejillas y pómulos. La parte más sensible de los labios suele ser el labio superior. Los labios se vuelven más llamativos durante la excitación, se hinchan y humedecen. Se pueden mordisquear, rozar con los dedos o con la punta de la lengua, o bien meter un dedo en la boca.
- Nuca, cuello y hombros. Con la mano o la boca se pueden estimular estas zonas de especial sensibilidad produciendo placenteros escalofríos. La nuca es muy sensible, en especial, la línea de crecimiento del cabello. Se pueden rozar o masajear con la punta de los dedos o la lengua, o besar con suavidad. También se puede soplar a contrapelo provocando así escalofríos.
- Brazos, manos y dedos. La estimulación de la zona de las axilas, la cara interna del brazo y del codo resulta placentera pero evite hacer cosquillas. Estimule suavemente estas zonas. Pensar que la mano y los dedos son utilizados para sentir texturas, formas y rugosidades, lo cual nos sirve para percibir y conocer el cuerpo de la pareja. La mano tiene miles de terminaciones nerviosas sensibles a la estimulación. Se puede estimular con la boca, lengua o manos, chupando, mordisqueando. Se puede recorrer con la punta de la lengua o trazar círculos en la palma de la mano con los dedos, o bien, recorrer sus dedos de punta a punta.
- Pechos y pezones. Los pechos de la mujer son muy sensibles sexualmente, en especial, la base de los pechos. En cambio, los hombres responden menos intensamente. No obstante, los pezones tanto del hombre como de la mujer son extremadamente sensibles. Se pueden succionar, besar, amasar, pellizcar suavemente o apretarlos entre los labios mientras se dan toques con la lengua. También se pueden humedecer, y una vez húmedos, soplar ligeramente, produciendo una sensación muy excitante. Es importante no ir directo, sino primero centrarse en zonas circundantes, acariciar suavemente haciendo círculos. Algunas mujeres llegan al orgasmo con su estimulación.
- Vientre, cintura y caderas. Acariciando suavemente toda la superficie de la cintura y cadera se produce una estimulación suave y relajante. El vientre también responde muy bien a estímulos suaves y frotamientos con la punta de los dedos o la lengua. El área alrededor del ombligo es muy sensible, en especial, la zona que va de los pechos al ombligo y del ombligo al pubis. El ombligo se puede lamer, succionar o mordisquear.
- Espalda. Se puede estimular de manera oral o manual. La zona del hueso sacro, donde se acaba la columna y se inicia las nalgas, es una parte muy sensible. También la zona de los omoplatos.
- Muslos e ingle. El muslo interior es un área muy sensible que puede ser fuente de placer si se acaricia de arriba abajo, se amasa suavemente, lame o besa. Los frotamientos circulares con las manos son muy placenteros y funcionan muy bien durante la excitación, así como recorrer con los dedos todo el interior de la ingle. También la parte de atrás de las rodillas se puede besar o acariciar produciendo sensaciones muy placenteras.
- Nalgas o glúteos. Contiene muchas terminaciones nerviosas que pueden ser estimuladas con facilidad mediante pequeñas palmaditas, fricciones, mordiscos, besos o al apretar con firmeza pero, sobretodo, sin lastimar.
- Pies. La punta de los pies es muy sensible. Se puede dar un buen masaje para relajarse, besar, chupar. Hacerlo suavemente sin hacer cosquillas. También la zona del tobillo y la planta del pie suele ser muy sensible.
- Ano. Tiene gran sensibilidad debido a las muchas terminaciones nerviosas que tiene. Sus zonas cercanas puede ser acariciadas lentamente con las yemas de los dedos o la punta de la lengua y despertar emociones intensas. En el hombre, la introducción de los dedos en el recto puede estimular la próstata produciendo sensaciones muy placenteras e intensas. También, la próstata se puede estimular mediante la presión con los dedos del perineo.
- Perineo. Es la zona comprendida entre el ano y la vagina o testículos. Es muy sensible a la estimulación manual debido a la gran cantidad de terminaciones nerviosas. Presionando con movimientos circulares, o de arriba abajo, se consiguen sensaciones muy fuertes. Esta zona incluye el músculo pubococcígeo que en la mujer refuerza y tonifica las paredes vaginales pudiendo así tener un contacto más firme con el pene.
- Clítoris. Es la parte sexual más sensible de la mujer que permite llegar al orgasmo y su estimulación debe hacerse suavemente y sin precipitación. La excitación del clítoris con el extremo del pene del compañero es una sensación extremadamente placentera para muchas mujeres. Se puede usar las yemas de los dedos, boca y lengua. Hacerlo de arriba abajo, en forma circular o dando pequeños golpecitos suaves. No ser monótonos durante la estimulación sino que cambiar de ritmos, más lento, más rápido, circular, de arriba abajo. Es importante no tocar el clítoris si está seco, antes humedecer los dedos con saliva o usar un lubrificante.
- Vagina. La entrada de la vagina está rica de terminaciones nerviosas y reacciona con intensidad a toda clase de caricias. Los labios menores son mucho más sensibles que los mayores. En la pared frontal o anterior de la vagina se puede encontrar el punto G que es una zona muy sensible que permite llegar al orgasmo de forma intensa. No obstante, existe aún controversia en la existencia de tal punto o zona ya que muchas mujeres no lo encuentran.
- Testículos. Son extremadamente sensibles y deben ser manipulados con suavidad. Pueden estimularse con la lengua, lamer o acariciar con las manos.
- Pene. Es la zona más sensible del hombre, donde experimenta el placer más intenso. Es muy sensible todo el pene, pero la punta del pene, el glande, suele ser la parte más sensible debido a la abundancia de terminaciones nerviosas que tiene.
El Juego
Vamos a proponer un juego sensual que se puede hacer a solas o con pareja y que permitirá aprender a conocer los rincones de nuestro cuerpo que nos producen placer, es decir, nuestras zonas erógenas.
• Será mejor escoger un ambiente tranquilo y relajante. Un lugar donde estemos cómodas y con una temperatura que no haga demasiado frío ni calor.
• Cultivar los sentidos. Utilizar una luz tenue o velas que permiten darnos un color de piel muy bonito y permita observarnos. Si tenéis un espejo podéis utilizarlo para miraros mientras lo hacéis. También podéis utilizar incienso para dar un toque perfumado al lugar. Utilizar aceites corporales durante las caricias para deslizarse mejor por el cuerpo. Podéis poner también música relajante de fondo. Desconectar televisión, radio y teléfonos. Ir desnudas o ligeras de ropa para aprovechar mejor la exploración de nuestro cuerpo.
• El tiempo. Es de especial importancia tener tiempo, la sexualidad bien vivida requiere tiempo para poder saborearla en todos los sentidos. Ir despacio. No tenemos prisa en llegar a ningún sitio sino que dejar que el deseo vaya creciendo poco a poco, no lo queméis rápido, dejar que se vuelva cada vez más voluptuoso.
• Dar y recibir. Si lo hacéis con pareja, daros diez minutos cada uno. Es decir, durante diez minutos unos de los dos se dedicará a acariciar al otro y el otro sólo a recibir. Es importante tanto el que da como el que recibe que esté en una posición cómoda y pueda disponer de todo el cuerpo sin incomodidad. Por ejemplo, uno estirado boca arriba o abajo mientras el otro está sentado al lado puede ser una buena posición, o bien sentado encima las nalgas del otro, o los dos sentados uno detrás del otro. Estar en posiciones incómodas hace que no podamos atender bien a las sensaciones y estar dispuestos a la entrega del placer, ni acariciar adecuadamente a nuestra pareja.
• Atender, guiar y comunicar. Es importante que el que recibe atienda a las sensaciones del momento, y que guíe y comunique a la pareja hacia dónde y cómo desea que le acaricie.
• Habilidad. El que da que explore su cuerpo como si fuera la primera vez, de forma suave, poniendo la atención en lo que hace, y sentirse guiado por su pareja. No hay que ser un maestro en acariciar, de todo se aprende. Ir experimentando diferentes maneras de acariciar su cuerpo.
Primero podéis descubrir zonas erógenas no genitales para luego ir centrándose en zonas genitales. Así evitaréis centraros demasiado en los genitales desde buen principio y también el hecho de acariciar zonas alrededor de los genitales hará que la tensión aumente por el efecto de anticipación y sea muy excitante.
Una vez realizado el ejercicio es bueno comentarlo con la pareja, hablar acerca de lo que habéis aprendido o descubierto de vuestro cuerpo, qué dificultades habéis encontrado. La comunicación de nuestras preferencias enriquece la sexualidad de la pareja.
Beneficios del juego:
- aprender a conocernos y a conocer la pareja, descubrir su mapa erógeno
- comunicar verbal y no verbalmente lo que nos gusta, y lo que no, y cómo nos gusta
- permite relajarse y estar más dispuestas al sexo
- el intercambio gratuito de caricias nos proporciona mucho placer y une a la pareja
- una sexualidad más rica y plena
- aprender a saborear lentamente las sensaciones y a dejar que el deseo crezca poco a poco y se vuelva más voluptuoso
- permite no ir con metas fijas y monótonas, sino disfrutar del momento
- si tienes dificultades sexuales permite ir despacio, poco a poco, y ayuda a estar más relajada y dispuesta a la entrega de las sensaciones
Lecturas recomendadas
Masters, W.H., Jonson V.E. y Kolodny R.C. La sexualidad humana. Editorial Grijalbo. Barcelona.
Comfort, A. The joy of sex. Guía ilustrada del amor. Editorial Grijalbo. Barcelona.


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