lunes, 2 de febrero de 2009

¿Quién toma las riendas en la cama?


A pesar de los múltiples cambios dados en el terreno sexual durante el siglo veinte, parece ser que aún en la cama son ellos los que siguen tomando las riendas. Deciden cuándo y cómo debe hacerse. La sexualidad femenina sigue viviéndose muy ligada a la del hombre lo que es una auténtica “tragedia” para la mujer.

La responsabilidad de tal situación no es debida tan sólo al hombre sino que la mujer también contribuye con ciertas actitudes y conductas. Y es desde esta responsabilidad y compromiso que puede cambiarse esta situación, ya que quien no se responsabiliza de su vida vive víctima de la desgracia. La mujer tiene poder para cambiarlo, pero no es tarea fácil, y tendrá que romper muros psicológicos y sociales construidos durante muchas décadas anteriores.

Esta lucha por la igualdad de poderes entre hombres y mujeres en muchos ámbitos de la vida, como en el social y laboral, sigue reflejándose en la sexualidad. Podríamos decir que hasta que no haya plena igualdad de derechos en estos ámbitos tampoco los habrá en nuestra forma de ver y construir la sexualidad. Pero afirmarlo rotundamente así, sería promulgar la tragedia de una situación irreparable, y no lo es. No podemos obviar el poder creativo y transformador de la sexualidad en la vida de las personas y cualquier cambio en este terreno puede conducir a una auténtica revolución en el campo personal y social.

Así que son muchas las mujeres que empezaron y que pueden empezar hoy a revindicar sus derechos sexuales como manifestaciones de su libertad, y empezar a ser sus principales agentes de cambio en todos los ámbitos.

¿Cuáles son nuestros derechos sexuales?
Según la Asociación Mundial de Sexología (1997):

“Todas las personas (“incluso a las mujeres”), por el mero hecho de existir, tienen derecho a disfrutar de los goces sexuales que prefieran, ya sean muchos o pocos, variados o monótonos, intensos o suaves, breves o duraderos, mientras que en el proceso de conseguir esas satisfacciones predilectas, no interfieran de forma innecesaria, violenta o injusta con los derechos sexuales (o no sexuales) y en las satisfacciones de los demás”.

Más concretamente, los principales derechos son:

- El derecho a la libertad sexual: la posibilidad de expresar su potencial sexual, sin coerción ni abuso.

- El derecho a la autonomía sexual: poder tomar sus propias decisiones de acuerdo con la ética personal y social.

- El derecho a la igualdad sexual: oposición a todas las formas de discriminación.

- El derecho al placer sexual: obtener placer de su sexualidad sin que ello implique daños a terceros.

A pesar de que aún existe desigualdades, hemos de reconocer que la mujer de hoy en día ha alcanzado con su propio esfuerzo una mejor posición social, económica y profesional, lo que le permite revindicar su sexualidad sin avergonzarse. Cada vez son más las mujeres que se atreven a pedir lo que quieren y cuándo quieren. Esta tendencia solo puede explicarse por los cambios de las personas a nivel global.

Hombres y mujeres ¿Somos diferentes?
La sexualidad masculina es un reflejo de nuestra sociedad actual. Está dirigida por la competitividad, los logros, el control y el poder, nada que ver con la sexualidad femenina mucha más sensual y creativa. En el hombre prima el resultado y en la mujer la experiencia. Lo que es una auténtica controversia y fuente de conflictos.

• Sexualidad masculina

El hombre vive su sexualidad pendiente de su erección, de su eyaculación, de su frecuencia y duración, de los orgasmos de ella, y del coito. Se preocupa de si es el más competente de todos los amantes y de si ha logrado todas las metas que hay que conseguir. Esta mentalidad es una de las razones que explican el por qué el hombre puede vivir más fácilmente su sexualidad al margen del afecto. El sexo es un mero instrumento para conseguir un fin: la valoración de la propia imagen. Esta sexualidad del hombre moderno conduce a: ansiedad, frustración y desolación. La imagen del hombre está atormentada por su rendimiento sexual.

• Sexualidad femenina

En cambio, la mujer vive el sexo como una experiencia global, de cuerpo entero, y no tan sólo centrado en el rendimiento. Su sexualidad está más centrada en las sensaciones que nos brindan los cinco sentidos y el entorno que envuelve la relación. Al no estar tan pendientes del resultado y estar más centradas en la experiencia del momento, permite mayor creatividad y flexibilidad, ya que no hay metas que cumplir. No está tan dirigida al coito como meta final, y sí lo está abierta a las posibilidades del momento.

La dirección lineal de la sexualidad masculina pasa a ser en la mujer circular y espontánea, con múltiples finales posibles. Se otorga más importancia a la aceptación mutua, en el acto de compartir y entregarse, que en la imagen de una misma. Por esta razón, en su sexualidad se da más importancia al afecto y menos al rendimiento.

El modelo de sexualidad masculina es más monótono y aburrido, ya que una puede prevenir lo que vendrá después, y al estar pendiente del resultado, puede crear ansiedad y frustración. En cambio el modelo femenino al dar más foco a la experiencia sensual y creativa del momento, es mucho más divertido y espontáneo. Además, la mayor importancia dada a la calidez y al afecto mutuo, permite que una puede relajarse y disfrutar del placer del momento.

• Cambio de perspectiva

Por estas razones, la sexualidad femenina creo que tiene que reorientar a la masculina en la nueva era de la sexualidad. Donde el sexo no sea una carrera de obstáculos y sí una fuente de apertura y conocimiento mutuo. Derribar la sexualidad métrica y atlética por una sexualidad sincera y creativa. Ese es el único medio para conseguir disfrutar de una sexualidad sin límites.

El papel de la mujer en la construcción de una nueva sexualidad
Las mujeres tienen un importante papel en el desarrollo de la tercera Revolución Sexual. Hasta ahora la sexualidad ha sido medida como si fuera un objeto físico, valorando la frecuencia y duración, haciendo estadísticas de “normalidad”, lo que la ha deshumanizado. Se ha olvidado que la sexualidad es, ante todo, una experiencia humana que no puede ser medida en partes separadas. En esta humanización de la sexualidad, haciéndola más cercana a todos, la mujer es la que está más preparada para ser las maestras que guíen al hombre a reorientar su sexualidad. En Oriente, son muchos los tratados que dan a la mujer el papel de maestras de la sexualidad.

Este nuevo papel de la mujer, desconcertará a muchos hombres acostumbrados a vivir una sexualidad fijada y controlada por ellos, en que ellos tienen el papel activo y la mujer el pasivo. Pero es a partir de este desconcierto que nacerá una nueva manera de vivir la sexualidad que beneficiará a ambas partes.

¿Por qué las mujeres no toman las riendas en la cama?
• Estereotipos sociales

Una de las principales razones es debido a que nuestra tradición judeocristiana ha enseñado a las mujeres a comportarse pasivamente. Esta tradición nos dice que una “buena mujer” es la que es servil al hombre, obediente y dulce; y una “mala mujer” es la que reclama sus derechos, se opone a ser servicial y se afirma a sí misma de manera contundente. Es hora de que empecemos a reconocer que todos tenemos los mismos derechos, y que para nada convierte a las mujeres en “malas” el hecho de reconocerlos y afirmarlos.

La mayoría de inhibiciones son debido a estereotipos sociales acerca de lo que debe ser una mujer “decente”. Prima antes la imagen dada por una convención social que la experiencia propia, lo que conduce a indudables frustraciones.

Los principales estereotipos sociales son:

- Un hombre decente siempre está dispuesto para el sexo y debe tomar la iniciativa y las riendas en la cama, de lo contrario, no es suficientemente hombre para una mujer.

Este mito hace que muchos hombres y mujeres duden de su sexualidad. Por un lado, un hombre que no tome la iniciativa ni esté dispuesto siempre para el sexo, puede dudar sobre su sexualidad, de si es homosexual o bien tiene un defecto físico o psicológico. Hay hombres que adoptan un modelo más femenino de sexualidad lo que no quiere decir que sean homosexuales, ni tengan una enfermedad. También, muchas mujeres esperan que los hombres se comporten de esa manera, lo que acrecienta la tensión y la duda. Es un mito el decir que todos los hombres son iguales.

Por otro lado, este mito acrecienta el sentido del deber y responsabilidad del hombre en la sexualidad. Se le prima que sea activo y que sea el responsable de la satisfacción de ella, lo que le conduce a la ansiedad e inseguridad, y se ven cuestionado su valía.

- Una mujer decente no debe mostrarse sexualmente activa, ni manifestarlo abiertamente, ya que de lo contrario, parecerá que va necesitada y es una ninfómana. Debe controlar sus impulsos sexuales y parecer como si eso no le importara mucho.

Este mito hace que muchas mujeres no experimenten su sexualidad en plenitud. Se muestran inhibidas y retraídas a la hora de manifestar su sexualidad y tomar las riendas de la misma para evitar el rechazo. Esperan la llegada de un príncipe azul que consiga hacerlas disfrutar, en lugar de tomar un papel activo en buscarlo. Esta idea conduce a frustración y desilusión en muchas mujeres.

Estos estereotipos son fruto de una aprendizaje social que se inicia en nuestra infancia, y toda explicación que intente justificar su naturaleza innata, cae en el absurdo. Sociedades distintas a la nuestra, dónde la mujer tiene un mayor protagonismo social, la sexualidad no es vivida de la misma manera, sino que son ellas las que toman las riendas.

• Desconocimiento de la propia sexualidad

Otra de las razones por la que una mujer se suele comportar pasivamente es por desconocimiento de su sexualidad. La mayoría de mujeres suelen descubrirla a través de los diferentes hombres que pasan por su vida. Lo que sin duda, con todo lo que hemos dicho anteriormente, es una equivocación. Es muy importante que la mujer conozca su cuerpo, que explore su sexualidad, para que pueda vivirla a solas o compartirla con los demás. Quien no conoce, nada puede compartir.

• Falta de comunicación

Por último, otro de los principales obstáculos es la falta de comunicación de las parejas en la cama. La sexualidad es vivida en silencio y cualquier diálogo entorno a la misma, es vista como carente de sentido o bien como peligrosa para la relación. La comunicación bien utilizada sirve para unir y compartir más que para dividir.


Por tanto, a la vista de lo que hemos dicho hasta ahora, tenemos dos opciones: ¿esperamos pasivamente que los cambios surjan espontáneamente o bien empezamos a hacer algo de forma activa y constructiva?

Consejos prácticos
• Conócete a ti misma

Empieza por conocer los rincones de tu cuerpo, explorar las fantasías y estímulos que más te excitan. Es un proceso solitario, contigo misma, necesario para aprender y poder compartir.

• Rompe con el pasado

Observa tus actitudes y costumbres sexuales, y anota cuándo y de quién lo aprendisteis (padres, escuela, religión, amigas, medios de comunicación, etc). Luego analiza y reflexiona acerca de la veracidad de tales creencias hasta poder desechar las irracionales o no funcionales.

• Toma la iniciativa

Una vez has observado tus creencias irracionales y ver cómo han gobernado tu vida sexual durante años, toma la decisión de cambiar. Para ello haz una lista de los beneficios a corto y largo plazo que puedes obtener tú y tu pareja si cambias, ya que permitirá reforzar y mantener la convicción. Cuando hayas elaborado la lista, haz un plan de acción para cambiar ciertas conductas que te sabotean la satisfacción sexual.

• Cambia de costumbres

El siguiente paso consiste en actuar en contra de cómo has actuado hasta ahora. Al principio puedes sentirte un poco extraña actuando así, pero es un proceso normal en el cambio. Cuando una lleva tantos años actuando de una manera determinada, cuando cambia le da la sensación que no es ella misma.

• Comunica verbal y no verbalmente

Comunica a tu compañero los cambios dados y el por qué de esos cambios. Explícale cuáles son tus intenciones de ahora en adelante y cómo te gustaría vivir la sexualidad. El objetivo de comunicar es explicarle el por qué de los cambios y los beneficios mutuos de los mismos.

• Revisa tus avances

Finalmente, ves revisando tus experiencias sexuales para ver si aún hay resquicios del pasado. Pueden volver y por eso es importante estar atentos a la aparición de los mismos. Si aparecen vuelve a seguir los pasos anteriores.

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